domingo, 27 de enero de 2008

propiedades biomecanicas de los huesos anexado por Oralia Sandoval

FUNCION DE LOS HUESOS LARGOS, PLANOS, REGULARES E IRREGULARES

PROPIEDADES BIOMECANICAS DEL HUESO

Existen huesos largos, cortos y planos, y sus principales funciones son: sostener al cuerpo, permitir los movimientos (saludar con la mano, por ejemplo) y el desplazamiento (caminar). Empero, cada uno de los más de 200 huesos humanos tiene una función especial. De esta manera, los huesos planos de la cabeza que forman el cráneo, protegen el cerebro y otros órganos del sistema nervioso. A su vez, las costillas y el esternón, que forman la caja toráxica, resguardan los pulmones y el corazón; y las vértebras rodean a la médula espinal protegiéndola así de los golpes. Asimismo, la columna vertebral permite mantener en cuerpo erguido y los huesos de la cadera aseguran la vejiga y los órganos reproductores.

Los huesos pueden clasificarse según su forma en:

Huesos Largos:

Constan de una zona cilíndrica (la diáfisis) y dos extremos, llamados cada uno epífisis. Ejemplos de huesos largos son el humero, radio, tibia y peroné.

Huesos Cortos:

Estos tipos de hueso se caracterizan por tener una forma algo irregular y no son simplemente una versión más corta de un tipo de hueso largo. Los huesos del carpo y del tronco son ejemplo de esta categoría.

Huesos Planos:

Se encuentran dondequiera que se necesite protección de partes blandas del cuerpo o un lugar para inserción muscular extensa. Ejemplo incluyen las costillas, escápula (u omóplatos), partes de la cintura pélvica, y los huesos del cráneo.

Huesos Irregulares:

Comprende huesos de forma característica y diferente. Las vértebras y los huesillos del oído representan ejemplos clásicos de huesos irregulares

Huesos Sesamoideos:

http://www.monografias.com/images04/trans.gifHuesos pequeños y redondeados que se encuentran junto a las articulaciones, y tienen la función de incrementar la función de palanca de los músculos. Un ejemplo de huesos sesamoideos es la rótula (o patela).

Los huesos responden a las fuerzas aplicadas sobre su superficie siguiendo un patrón característico. La primera fase es elástica y depende de la rigidez del hueso. En esta fase, la deformación es temporal y se mantiene solo durante el tiempo de aplicación de la fuerza tras lo cual, el hueso recupera su forma original. Si la fuerza aumenta, se entra en una fase plástica y el hueso, aunque se recupera parcialmente, queda deformado. Por último cuando la fuerza aplicada es superior a la resistencia del tejido se produce la fractura.

La respuesta de tejido óseo frente a las fuerzas que se aplican sobre su superficie dependerá del tipo de fuerza, del tipo de hueso, así como de la densidad, arquitectura y composición del tejido óseo.

Las fuerzas que pueden actuar sobre el tejido óseo son de tres tipos tensión, compresión y torsión. Además pueden ser aplicadas de forma perpendicular a la superficie ósea (fuerza normal) o de forma oblicua (fuerza de cizallamiento).

Los huesos largos, formados fundamentalmente por tejido óseo compacto o cortical, son elásticos y poco plásticos. En estos huesos, la resistencia será mayor cuando la fuerza se aplica de forma vertical al sentido de la carga. Cuando la fuerza se aplica de forma oblicua la fase plástica se acorta y el hueso se fractura con más rapidez. En los huesos integrados por tejido óseo esponjoso, la resistencia es mayor cuando la fuerza se aplica a lo largo del eje vertical de las trabeculas vertebrales y también cuando es paralela a los sistemas trabeculares del cuello femoral. Estos huesos, al ser menos densos que los formados por tejido óseo cortical, son menos elásticos y más plásticos, por lo que pueden presentar deformaciones mayores. Así mientras que en los huesos integrados por tejido esponjoso, las fracturas se producen cuando existen variaciones del 7% de su longitud, en los integrados por tejido compacto, las fracturas se producen con variaciones del 2%.